Archivo de la categoría: qué pena

Pruebas

De esto es de lo que hablo:

 

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo qué pena

Esto fue genial (¿?).  El viernes pasado fui con una amiga a Tepito (what a experience!); tuvimos que ir al baño y entramos a los del mercado.  Oh my God!  Muy limpios por suerte, pero fue de llamar la atención lo siguiente:

1°  Un letrero en el que se rogaba usar el shampoo sólo para lavarse las manos (WTF?, ¿qué tanto se lavaran las mujeres que usan el baño?)

2°  Los privados NO TIENEN PUERTA.  O sea, haces tus cosas ahí, a la vista de la que pase buscando un excusado.

Confieso que me tardé un poquito en hacer pipí porque me sentí un tanto cohibida, ¡¡pero lo logré!!

P.D. Perdón por lo escatológico del post, pero me pareció tan peculiar que quise contárselos.

P.D. 2  ¡FELIZ AÑO!

2 comentarios

Archivado bajo esto parece el semanario de lo insólito, lugares ideales, qué pena

Después de un año y medio actualicé las pestañas que indican lo que estoy tejiendo y lo que pienso tejer en un futuro no muy lejano.  No tengo vergüenza, ¿cómo pude dejarlo así nomás?  Vaga que es una…

Felizmente, el fin de semana pasado pude sacar adelante gran parte de las cosas que traía atrasadas y que estaban volviendo mi vida un despelote mayor de lo que es.  Este fin de semana es largo, así que espero terminar de organizar mis cosillas.  Por ahora ni sueño con tejer en casa, qué bárbaro, desde que amanece hasta que me acuesto ando en frieguita, así que aprovecho el tiempo que me queda libre en mis horas de comida y los largos trayectos entre mi casa y el trabajo para tejer.  Mejor eso que nada, no?  Y hablando de tejer en el transporte, ¿se acuerdan cuando les conté de mis deslices tejeriles?  Bueeeeno, resulta que no soy la única que sufre estas desgracias: el otro día se sentó frente a mí una señora que también iba tejiendo y se le cayó el ovillo al piso.  Me dio tanta ternura, no sé explicarles, supongo que en el fondo, después de todo el odio que me viene encima cuando me expongo de esa manera, también siento algo de ternura por mi.

Y por cierto, el otro día una chica se subió al metro y su bolsa se enganchó con una de mis agujas, la cual terminó en el suelo.  Dios mío, definitivamente necesito ordenarme.

8 comentarios

Archivado bajo confesiones de invierno, logros, qué pena

Siempre me llamó la atención leer en algunos blogs abandonados por sus dueñas que de pronto volvían y decían cosas como ¡No lo puedo creer, 1 mes sin postear!  No me explicaba que alguien pudiera abandonar su blog por tanto tiempo y me preguntaba qué hacía con el blog mientras no escribía: ¿lo ignoraba olímpicamente?, ¿entraba de vez en cuando a ver si tenía comentarios?, ya saben, preguntas bien profundas que se hace uno a veces.  La cosa es que yo pasé más de 15 días sin postear y se me hizo una eternidad.  De repente siento como que si alguien nos lee tenemos la obligación de escribir; al menos a mí me causa a veces disgusto el que haya blogs que me ENCANTE leer y encontrarme con la misma última entrada de hace 2 meses.  Sé que todos tenemos una vida aparte del blog y a veces no es posible acercarse a él.  No estoy diciendo tampoco que me crea que allá del otro lado hay alguien a quien le encante leerme, no aspiro a tanto, nunca digo cosas interesantes, pero sí siento que con algunas personas esta es la única forma de relacionarme, gente con la que la relación no va más allá de los comentarios que nos dejamos, pero que es lindo igual intercambiar bobadas o a veces cosas más serias. 

¿A qué iba?  Ya no me acuerdo, creo que quería explicarme y dar señales y de esta forma pedirles que no me abandonen, que no se olviden de mi.  Si no he escrito es porque no tengo nada que decir y porque mi tejido está no veo que avance y no tengo nada que mostrarles.

Por último, ¿se acuerdan que hace poco les conté de las vergüenzas que he pasado en público por culpa del tejido?  Bueno, el otro día me subí al metro y no sé cómo demonios una de mis agujas se cayó de mi bolsa.  No-sé-cómo-recuernos-fue-a-dar-al-suelo, pero yo sólo escuché el ‘tilín-lín’ y pensé “Ya se me cayó una puta aguja, voy a hacer como que no me doy cuenta, ni modo.  Espero que nadie se haya dado cuenta” (todo esto en fracción de segundos), cuando empiezo a escuchar a una muchacha, una señora y un señor “Señora! Se le cayó una aguja” decía una, “Señora, ¿Usted trae agujas?”, decía otra, y el señor mientras se agachaba a recogerla.  Insisto, a veces me requetecontraodio.

20 comentarios

Archivado bajo confesiones de invierno, qué pena

NO SOY MALA MADRE, SÓLO DESPISTADA

Hoy me llamaron de la escuela de Sabri.  Cuando escuché la voz de la maestra se me aflojó todo el cuerpo y empecé a temblar.  Lo primero que pensé fue que tenía fiebre porque la semana pasada anduvo medio mal.  Y todavía la mujer se pone a comentarme acerca de mi segundo nombre que le gusta mucho, que si ella tuviera una hija le pondría así y yo casi le gritaba que me dijera qué pasaba.

-Nada, Sra., ¿por qué los papás cuando les hablo creen que es para darles algún reporte o para cobrarles?

– ….

– Sra., es que me mandó a Sabrina sin calzones…

– (gulp) (trágame tierra)

En 15 minutos estaba Andrés en la escuela con calzones para la niña, y yo con una vergüenza que me parece que no me voy a parar por ahí hasta que Sabri esté en preescolar.

Aclaración: de casa sale con un pañal puesto, el calzoncito encima y cuando llega le quitan el pañal.  O sea, mi niña no quedó con la cola al aire, como pensó una amiga cuando le conté, eh?

8 comentarios

Archivado bajo qué pena