Nunca he negado que me gusta comer… me gusta mucho comer y me gusta comer mucho, pero lo de hoy sobrepasa mis propios límites. 

Esta mañana vino a terapia una paciente que hacía muchos años que no se paraba por acá.   La lindura de mujer, como un detalle especial, me trajo un paquetito que venía metido en una bolsa de plástico opaca.  Uy, n’ombre!  Ya me saboreaba los chocolates o nueces que vendrían dentro, no venía lo hora de poder abrir el paquetín y entrarle duro y tupido…  Gran decepción me llevé cuando ví que el regalito traía un listón de Crabtree & Evelyn.  De verdad, no saben lo frustrante que fue encontrarme esta cajita.

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Creo que necesito ayuda URGENTE.

¿Les hablé alguna vez de mis alucines nocturnos?  Hoy mientras leía a Marian me acordé de dos.

Hace unos años vi la película El día de la bestia.  En la madrugada, Andrés se levantó al baño y yo me quedé sola en la pieza.  Entre que estaba dormida y no (o sea, dormitaba) sentí que *alguien* se estaba subiendo a mi cama, del lado de los pies.  Miré a la puerta pensando que Andrés la había dejado mal cerrada y se había metido el gato y se estaría acomodando para darme el peor susto de mi vida… pero no, la puerta había quedado bien cerrada (Dios mío, si tengo que gritar Andrés no me va a escuchar).  Miré a los pies y nada.  Volví a apoyar la cabeza en la almohada y empecé a dormitar otra vez… y… adivinaron, again algo tratando de subirse a mi cama.  Miré de nuevo y, of course, no había nada.  Pensé *seguro es la Bestia y está esperando que me quede bien dormida para agandallarme*.  Cuando volvió Andrés al cuarto pude quedarme dormida tranquilamente y ya no supe si la Bestia se subió a la cama o no.

La segunda ocurrió a raíz de que llegó a mi mail un archivo con fotos de la rejodida película El Aro (The Ring) con la bonita niña esa y su mirada tan dulce.  A la noche, otra vez, despierto en la madrugada (debería considerar tomarme tres Valiums o algo así antes de irme a la cama) y me acuerdo de la nenita saliendo de la televisión y un escalofrío me recorre el cuerpo, sin saber porqué si ella es tan tierna y se ve que tiene tan buenas intenciones.  Pensé *no tengo porqué tener miedo, la televisión está apagada*.  Al día siguiente, hablo por teléfono con mi hermana y le cuento de este encuentro que no fue, muerta de la risa ella y me dice *pero acuérdate que en la peli la televisión se prende sola, aun estando desconectada…* 

¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!

Ayer Elisol me preguntaba en qué ando con las agujas.  ¿Pues qué no se acuerdan de la pestaña indicadora?  Bueno, bueno, si les da flojera ir a ver, les cuento acá.

Sigo con el chaleco de mi madre, voy en la segunda parte de adelante, pero me está dando una fiaca seguir con él, que no les cuento.  Lo estoy haciendo con agujas Nº 7, así que se avanza bastante rápido, pero tengo la impresión de que le va a quedar un poquito grande.  Ya se lo medí por encimita, pero… 

Al mismo tiempo, me estoy tejiendo este bolero (insisto, me fascinan) del que me enamoré en cuanto lo ví.  Es un modelo publicado en Knitty hace casi 5 años.  Se llama Shimmer.

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Los días pasados, terminé el gorro de rana para Sabrina, que se le ve chistosísimo porque quedó con forma de sombrero de bombín, y un cuellito modelo Tudora, también de Knitty.  Este es parte de los regalos de Navidad para las maestras de la guardería de Sabri.  Las fotos de ambos están en mi flickr (oséase a la derecha)

Antes que nada, les agradezco de todo corazón los cálidos saludos que mandaron a Sabri en su cumple.  Es muy chiquita aun para que le diga que le mandan felicitaciones de varias partes del planeta y que las que lo hacen son amigas a las que nunca he visto en persona, pero que les tengo un gran cariño.  Lo que sí haré será enseñárselo dentro de algunos años y seguro se emocionará tanto como la naba de su madre.

Y bueno, con todo el temor que tenía de que me nominaran, Themis lo hizo, y tuve que cumplir.  Muchas han leído ya esta historia contada a muchas voces.  Mi aportación es la número 45, continuándola donde Themis la dejó. 

Aprovecho la ocasión para anunciar mi retiro de desafíos, memes, premios y demás.  Les agradezco a las que me los otorgaron, porque en su momento me hicieron sentir bien, me dieron muchos ánimos, sobre todo cuando mi blog era nuevo.  De hecho cuando lo abrí eran poquísimos los premios y desafíos que circulaban, pero esto ya se hizo enfermizo y obsesivo, para mi gusto.

Odio poner reglas (siempre lo odié y por eso en los últimos desafíos no las ponía), pero acá van, porque en este caso es necesario:

REGLAS
1. Cada persona continuará la historia escribiendo DOS FRASES. Delante de ellas pondrá entre paréntesis su número de turno (el siguiente al último que vea). Es decir, se copia toda la historia, primero las reglas y luego las frases (con los números) de los demás, luego se pone el nuevo número de turno y luego las dos frases.
2. Después se nomina a otras dos personas.
3. No se puede nominar a la persona que te nominó ni a una a la que nominaras en un turno anterior (si lo tuviste).
4. El blogger que escriba el turno 50 terminará la historia y la mandará al email leinad19xico@hotmail.com

(1) Era impensable, no me lo podía creer, mi mente daba vueltas una y otra vez y no conseguía ser consciente de lo que había pasado, ya no había vuelta atrás, era todo tan confuso. Miré durante unos instantes el martillo ensangrentado, lo envolví en un paño que encontré en el primer cajón de la cómoda y lo escondí en el fondo del armario.(2) A los tres minutos me encontraba en la calle, necesitaba airearme, pensar… En aquellos momentos mi mente aún no estaba preparada para ello…(3) El aire gélido de la mañana cortaba mi rostro como un cuchillo acerado, aún sentía en mi pecho el ritmo acelerado de mi corazón sobresaltado por los espeluznantes hechos que había, en fracciones de segundo, vivido… Aún no podía explicarme cómo demonios había llegado el martillo hasta mis manos y por qué reaccioné de la forma tan brutal como lo hice…(4) Sólo sé que había acabado todo, que era el fin de mi tortura y el comienzo de una vida mejor. Por primera vez, me sentí libre.(5) Había logrado lo que estaba deseando hace mucho tiempo. ¿O realmente yo no lo había deseado nunca?(6) Solamente las circunstancias me habían hecho llegar a aquel extremo en el que me encontraba. No, seguro que detrás de todo aquello había una fuerza misteriosa que me apoyaba.(7) La pregunta era: ¿Por qué? Sacudí la cabeza. No me debía engañar por mas tiempo, no, yo ya sé mi verdad, pero al estar dormitando tantos segundos de mi vida me va a costar desperezarla. ( 8) Tal vez, la bruja de mi suegra no merecía brecha de tales dimensiones en su cráneo. Sin embargo, por una vez, creía haber hecho lo correcto.(9) Por otra parte, si yo no la hubiese atacado a ella quizás ahora sería yo la víctima. Porque a decir verdad la relación con mi suegra siempre había sido de amor-odio.(10) Pero ya había pasado todo y no era hora de pensar en “si hubiera sido de otra forma”. Ahora tenía que explicarle a mi pequeña hija Andrea que ya no vería más a su malvada y querida abuelita.(11) Sentí un ruido lejano, parecían las agujas de un reloj y esto hizo que me sobresaltara. Estaba un poco aturdida, ¿se trataba sólo de un mal sueño?(12) Me dirigí al último cajón donde creía haberlo guardado y toqué algo frío y húmedo. Algo extrañamente húmedo en un cajón.(13) Retiré la mano instantáneamente, me asusté, aquel objeto no me resultaba familiar, pero la duda me carcomía por dentro. La eterna lucha entre la curiosidad y la prudencia, pues yo, en el fondo, sabía que debería cerrar ese cajón para siempre y olvidarme de lo que había tocado, pero no fui capaz de resistirme y volví a introducir temblorosamente la mano.(14) Mientras cientos de instantes paseaban fugazmente por mi cabeza, pensé que lo tenía todo embrollado, estaba perdida. Me había metido en un montón de negocios insensatos en lugar de pensarlos despacio y con método.(15) Las facturas de los gastos de mi propia casa y de mis aventuras en el juego se acumulaban hasta el infinito… Suspiré y me dispuse a esconder todos los rastros de mi acto.(16) He de limpiarlo todo antes de que lleguen mi marido y mi hijo. Arrastré el cadáver hacia la bañera de la planta de abajo.(17) Una sonrisa fugaz asomó en mi rostro cuando pensé que, a pesar de que tenía a mi suegra por una cabeza dura, su craneo se rompió con bastante facilidad. Supongo que casi cualquier cosa se rompería con facilidad con un martillo de acero tan pesado.(1 8) La vieja bruja hacía un ruido peculiar al ser arrastrada por el suelo, ni siquiera notaba su peso muerto, a decir verdad, una vez muerta, mi suegra tenía el peso de un pajarillo. Era algo casi tierno, si no hubiera sido por la masa sanguinolenta que era una parte de su cráneo, su cara era la de una amable anciana que hace pasteles para sus nietos y se reúne para jugar al bridge con sus amigas los viernes por la tarde, cada una cometiendo la locura de beberse una copita de jerez.(19) Mi suegra no jugaba al bridge, es más, tenía dudas de que hubiese jugado alguna vez a algo, que hubiese sido una niña alguna vez, inocente y sin tanto rencor por dentro. Siempre recordaría aquel gesto duro, severo y aquellos comentarios mordaces pero revestidos de azúcar; aquellas miradas condescendientes.(20) Su sonrisa… su sonrisa llevaba al mismísimo demonio dentro. Desde luego, mi marido nunca supo nada de mi angustia, de mi rabia al ver que su madre me despreciaba, que me consideraba una aprovechada que no valía ni para limpiarle los zapatos a su hijo.(21) Aún recuerdo el día de mi boda, con mi madre, mis hermanas y mis primas revoloteando alrededor de mi cuarto y en el que habría de cambiarme. Mi suegra estuvo diligente con todas ellas, les sirvió deliciosos pastelillos entre sonrisas y comentarios cómplices.(22) Pero mi tocado no aparecía. Mi hermana iba a ser la encargada de peinarme y me había regalado un tocado muy bonito, nada extravagante, algo sencillo.(23) Recuerdo cómo mi suegra aplaudió la ocurrencia de no contratar una peluquera, recuerdo el “qué encantador”. El tocado no apareció aquel día, suerte que compramos otro igual gracias a mi paranoia y cuando metí la mano en aquel cajón… lo encontré, intacto, un poco amarillento, pero con la etiqueta puesta aún.(24) Como una burla desde el más allá. Apretaba el tocado con mis manos ensangrentadas, me daban ganas de coger aquel martillo y destrozar cada uno de los huesos, y la carne… pero habría que limpiar más y suficiente trabajo en vida había dado aquella dichosa mujer.(25) Gracias a Dios, mi marido era un tipo que se tragaba todas las series de policías del universo, solo necesitaba lejía para la sangre, su asquerosa y maldita sangre, tan espesa y pegajosa como ella lo fue en vida. Y sosa, mucha sosa, con sosa y agua su cuerpo se desharía en horas, lo que pasa es que era más difícil lo de la sosa, porque es imposible retener a mi familia de no entrar en el baño…(26) Lo de eliminar la sangre era sencillo, lo de eliminar su cuerpo era más complejo. Ni muerta me iba a dejar vivir.(27) Pasada una hora parecía que no había ocurrido nada, todo rastro de sangre que pudiera haber dejado esa bruja me había encargado de hacerlo desaparecer, pero seguía sin saber qué hacer con su cuerpo. De repente recordé cuántas veces nos había hablado de aquella casita que había heredado en su pueblo y a la cual nunca quiso llevarnos pues “estaba muy lejos”.(2 8) Yo sabía perfectamente que era una vil excusa pero Carlos nunca admitió que tuviera razón, y si su madre decía que era una paliza llegar allí, por más que estuviera solo a poco menos de hora y media de la ciudad, ni siquiera insinuaba que él creía lo mismo que yo. Sin más dilación me puse en movimiento, y al cabo de un rato me encontraba al volante de nuestro coche camino del pueblo y su casa, con ella envuelta en bolsas de plástico en el maletero, una pala y a su lado la sosa que me ayudaría a sacarla de nuestras vidas para siempre.(29) Mas, ¡qué juguetón el destino!, me tenía reservada una sorpresa. No bien hube enfilado la carretera que me sacaría de este embrollo, acaso tan excitada por los sucesos recientes que no presté atención al pie derecho, unas sirenas llegaron a mis oídos, la luz roja y azul en mi retrovisor, la voz que me da el alto: la policía.(30)A través del retrovisor, observaba con angustia el paso firme del agente que se acercaba al coche con una mano puesta en su cinturón, junto al arma. Me pidió que saliera del vehículo y en ese momento me sentí como el personaje de Javier Bardem en No es país para viejos: tenía muchas ganas de hacer desaparecer al policía.(31) Pero me reprimí. Salí del coche con la ansiedad mordisqueando sañuda los pliegues de mi estómago. Alcé la vista, le miré a la cara y contuve el vómito. No podía ser él. Era imposible.(32) Me soníó al instante. En su gesto no había incicios de sospecha, sólo había sorpresa y alegría por verme después de tantos años.(33) Vaya sorpresa, dijo, nunca pude imaginar que las casualidades llegasen a confabularse tan oportunamente, fijate que he tenido que sustituir a uno de mis compañeros, enfermo, y he visto que tu coche lleva el maletero mal cerrado al circular detrás de ti. Me quedé helada… hacía veinticinco años que no nos veíamos, desde el día antes de mi boda, en que decidí casarme con el ferretero, en lugar de con el policía… hubiera podido liquidar a mi suegra de un disparo, en lugar de a martillazos… porque las suegras son todas iguales…(34) Mi cabeza se partía pensando esto mientras saludaba a mi amigo e intentaba inventar una excusa para que no se acercara al maletero. Ya se encaminaba a la parte trasera de mi vehículo cuando sonó la radio de su coche patrulla y su compañero le hizo señales para que se acercara. (35) Mi mano temblaba al encender el cigarrillo, no veía el momento para continuar el viaje. Al terminar la comunicación en su coche comentó algo con su compañero y me miró largamente. (36) Mi corazón empezó a latir aceleradamente, en mi imaginación veía cómo se acercaba al coche, abría el maletero y descubría el pastel….. no sabía si anticiparme y cerrarlo o esperar que la suerte me acompañara y aquella llamada le obligara a marcharse.(37).Le sonreí he intenté tranquilizarme.Me miré las manos nerviosa y ví que tenía una mancha de sangre en el dorso de la mano….¡Dios mío…..! ¿La habrá visto?. Las piernas empezaron a temblarme , escondí las manos como pude….Él se acercaba lentamente y yo estaba muerta de miedo…………(38). ” No seas tan descuidada, no se puede ir por ahí con el maletero abierto”, me dijo. Torcí la boca en una mueca que se suponía era una sonrisa, mientras restregaba mi mano ensangrentada dentro del bolsillo del pantalón. Se dio la vuelta, se acercó al maletero y cuando ya hasta el aire empezaba a faltarme, de un golpe seco lo cerró.Luego se volvió otra vez hacía mí.(39)Sus oscuros ojos almendrados , los mismos que recordaba de aquellos momentos de juego y complicidad que habíamos compartido durante parte de nuestra infancia y adolescencia,se detuvieron en el dorso de mi mano …¡Estás herida!- se sorprendió.
(40) Le dije, que me había herido con el cierre del maletero, y, no se si le resulto convincente mi explicación, pero su mirada se detuvo un instante en mis ojos, y su boca se poso en la mía fundiéndose en un apasionado beso. (41) Mientras me besaba y saboreaba la dulzura de sus labios, una lagrima se deslizaba por mi mejilla, no pudiendo evitar que mi mente volviera a recuerdos tan tiernos y tan lejanos… (42) Es curiosa la vida pense, en estos momentos de angustia ha venido a mi un encuentro del pasado. Sera mensaje de ultratumba de la bruja riendose de lo que me perdi?(43)En ese momento quité mi cara, había vuelto a recordar mi triste realidad, mi suegra, esa bruja tan despiadada, seguía allí tan cerca, mi mente se debatía entre caer en los brazos de la pasión o mi desesperación por deshacerme de una vez por todas de ella. (44) Él me miró sorprendido, en sus ojos pude ver como la duda iba desplazando al deseo. Debía tomar una decisión urgente, no podía permitir que las preguntas que iban tomando forma en su cabeza, llegaran a sus labios. (45)  De manera brusca le dije que debía seguir mi camino, que nuestras vidas habían tomado rumbos diferentes y era imposible echar marcha atrás.  Cuando me iba a subir a mi auto, su compañero bajó de la patrulla gritando ¡Deténgase!  ¡Ponga las manos en alto!

Yo se lo mando a Penélope y a Gimena , porque estoy segura de que algo excelente se les va a ocurrir.  Ánimo, chicas, la historia está por llegar a su fin.

Trataré de escribir esto sin llorar… demasiado.

Hoy Sabri cumple 2 años de vida.  Cuando era un pedacito de bebé que se la pasaba en su sillita o recostadita sin hacer nada más que mirar a todos lados, sacando la lengua, moviendo las manos y los piecitos, yo la miraba con todo mi amor y pensaba ¿cuándo empezará a hacer gracias, a reirse, a jugar, a llamarme mamá, a caminar, a hablar, a abrazarme… cuándo? 

Ahora que ya lo hace quisiera detenerla en el tiempo.  No quiero que deje de sorprenderse, de reir como loca cuando corremos atrás de ella, de llamarme en la madrugada con la voz más suplicante para que le lleve una *eschita* (lechita), de pedirme hasta 12 veces seguidas e ininterrumpidas que le ponga la parte del karaoke de Shrek, de subirse al coche y pedir la canción de *ícipe ashul* (Príncipe Azul), de ir caminando por la calle mirando los charcos *candotes y shitititos*, de bailar de la manera más desparpajada, de pedirme la cuchara o el tenedor porque quiere comer ella solita, de hacerse la grande y sentirse con la autoridad de regañar a quien sea, moviendo su dedito acusador, de llevar a todos lados al dichoso perro café, su muñeco preferido, de pedirme antes de dormir que me acueste con ella y le cuente el cuento de Bambi, de correr a abrazarme cuando llego de trabajar…  en fin.  Pero sobre todo, no quiero que deje de enseñarme a ser mamá.

En estos dos años he vivido las emociones más fuertes de toda mi vida.  Hemos tenido problemas, angustias, disgustos, sustos enormes cuando la fiebre subía y subía y parecía no querer ceder, pero nada de lo que hayamos pasado es más grande que la alegría que Sabrina me da.  NADA. 

Hijita, tú me convertiste en mamá.  Gracias por compartir tu vida con papá y conmigo.  Sabes que te amamos más allá de nosotros mismos.

 

 

Domingo, 22:30 hrs.

Yo en la cocina lavando platos y preparando comidas y lunch para hoy.

Llega Andrés y me pregunta: Tengo un acta de nacimiento original mía, verdad?  Tengo que llevarla al trabajo y todos mis papeles en original también.

Yo (mentalmente): ¿Y a esta hora se acuerda?… Le contesto que sí, que están en X cajón, y me quedo en la cocina pensando que ni loca se los voy a ir a buscar yo, que lo que único que quiero es irme a dormir, y que además se podía haber acordado de eso más temprano.

23:15 hrs, entro al cuarto y le pregunto ¿los encontraste? a lo que me contesta *No, en la mañana los busco*…  Le pregunté ¿y si no están ahí?, y como sabe de mi problema de NO ORDENAMIENTO, se paró un poco angustiado a buscarlos.

Desde hace años vengo escuchando a amigas y familiares quejarse de que los hijos les avisan a las horas menos oportunas que al día siguiente tienen que llevar a la escuela alguna cosa que en ese momento y en las próximas horas es imposible encontrar. 

¿Será que Andrés me está preparando para cuando Sabri me llegue con estos apuros?

Me encanta que llegue el sábado a la hora de irnos a dormir, porque eso significa que voy a sentir las sábanas limpitas recién cambiadas.  ¿No les encanta esa sensación?  Si por mí fuera, pondría sábanas limpias todos los días.

También me agrada mucho subir al metro, trolebús o camión y encontrar mis asientos preferidos disponibles.  Es que cuando una no tiene otra opción más que viajar en transporte público, termina dándose cuenta de que unos lugares le gustan más que otros.

Que suene el teléfono y al contestar escuchar la voz de Andrés siempre me hace sentir una cosita de felicidad.

Llegar a casa y encontrar que mi mamá nos preparó de cenar alguna de mis comidas favoritas, como pueden ser las benditas calabacitas empanizadas o pambazos o empanada de jamón y queso.  No sé, algo que ella sepa que me gusta muuuucho y que le nazca prepararlo.

Una de mis canciones favoritas es Little L, de Jamiroquai.  Escucharla me hace tan feliz…

Son muy pequeñas las cosas que hacen que un día tenga un brillito especial.  Aún cuando el resto del día nos pueda haber ido de la tostada (o sea, de la chingada, del carajo, de *mejor ni me acuerdo*), siempre, siempre hay algo que nos da un algo.  En casa estamos pasando por una temporada complicada y un poco incierta, y a veces me olvido de que no todo está mal.  Sabrina me regala una alegría que no puedo comparar con nada.  No me cansaré de decir que es lo mejor que Dios me pudo dar, me hace reir, me sorprende, me alienta, me hace mirarme a mí misma, me hace sentir orgullosa.  No me canso de dar gracias por tenerla con nosotros.  Y aparte de ella, están todas las cosas que de tan chiquitas parecen boludeces, pero no lo son.  ¿Qué es lo que a ustedes les da un *brake* emocional?

Gracias, Erilana, por ponerme a recordar todo esto.

P.D. ¿Ya vieron la oveja que le hice a Sabri?  Si son tan gentiles, dirijan su vista a la derecha de su pantalla.  Mención especial a la que adivine porqué la foto salió tan rara.

Sigo acá, pero con una llanta ponchada.  Perdonen la falta de comentarios en sus ‘blos’. 

Estuve buscando bufandas para regalarles a las maestras de Sabri en Navidad.  Ellas se lo merecen.  Si las quieren ir a ver (a las bufandas), están en la pestaña de *Pasarán…*, y si quieren ver lo que le estoy tejiendo a Sabri para su cumple, vayan a *En mis agujas*

En breve estoy de vuelta.

Como Marian me preguntó qué era, y es una de mis comidas favoritas, acá pongo la receta, que es de lo más fácil.

1 paquete de fideos (cabellos de ángel rotos)

2 cdas. de manteca (mantequilla)

1/2 lt. de caldo de pollo (hecho con Knorr suiza o similares)

queso, mucho queso que se derrita.

Sofreir los fideos en la manteca, cuando estén dorados, ir agregando el caldo de a un cucharón.  Cuando el líquido de consuma, agregar otro cucharón y así hasta que los fideos estén blanditos.  Poner encima una capa de queso, ya sea rallado o en rebanadas.  Apagar el fuego, tapar y esperar a que se derrita.  Más fácil, ni la tabla del 2.

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