Parece que mi felicidad por estar en casa a la espera de lo que venga secó mi de por sí no muy vivo cerebrito. Estuve una semana alejada de blogs, Ravelry, Twitter, y demás fuentes de entretenimiento, apenas revisando mi mail, y todo porque estuve muy al pendiente del entrenamiento de mi sustituta. Pero hoy,

contando 39 semanas

vuelvo a escribirles y a leerlas.

Les cuento rápido qué ha habido:

La semana pasada me hice el 3er ultrasonido, y resulta que no me lo hicieron bien; el médico tomó muy mal las medidas, así que no coincidía para nada mi estado real con lo que él interpretó.  A consecuencia de esto, ayer me hice un cuarto ultrasonido.  Sale todo bien, pero lo que a mi doc no le late es que bebé no baje, así que, ante la premura, estoy programada para cesárea pasado mañana.  Mi doctor me explicó que probablemente mi orificio pélvico es menor al tamaño de bebé, pero yo, mientras no me rajen la barriga no perderé la esperanza de parir por vía natural.

Estoy muy tranquila, me siento increíblemente relajada y lo que me agrada más de todo es que ya dejé a un lado mi obsesión por “hacer todo lo que tengo que hacer” y ya estoy más en plan de “¿tengo ganas, fuerzas y ánimo? Adelante, sino que las cosas se queden como están”. Me siento total y absolutamente EN ESPERA, repugnantemente cansada, eso sí, pero para nada agobiada. Además he tratado de darle a Sabri los últimos días de atención exclusiva y aún así de repente se le bota la cuiria y reclama atención en momentos que simplemente no se le puede dar, pero bueno, ahí vamos; tampoco le puedo pedir que tome una actitud que no corresponda a la de una niña de 3 años.

Y así estamos, siento flotando en el ambiente algo especial, como cuando se acerca la Navidad, que vienen momentos especiales de compartir, de estar con la gente que queremos. Así estoy y agradezco a Dios por ello.

Esta es mi zapan al día de ayer

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El despelote que me caracteriza, siempre presente, sepan disculpar.