Hoy estoy más contenta que el otro día (y les pido que me perdonen estos ataques de felicidad y que las torture contándolos)

Estoy contenta porque Sabri está, no sé cómo llamarlo, ¿integrando? ¿asimilando? a bebé y habla con mi panza y hace planes con bebé, diciéndole que le va a enseñar a subir las escaleras de los juegos del parque, e inventa canciones mencionando al bebé o al hermanito que está en la panza (literal)

Estoy contenta porque desde hace unos días tiene gripa, pero por primera vez desde que nació, no le ha venido ninguna infección en garganta o vías respiratorias y no hemos tenido que padecer las malditas fiebres (todavía no canto victoria y la seguimos cuidando)

Estoy contenta porque me corté el pelo, cortito, y me encantó cómo me quedó.

Finalmente estoy contenta porque ya es 1º de junio y ya voy a empezar a planear los regalitos tejidos y cosidos de Navidad y eso me encanta; aunque al final no teja todo lo que quiero, el simple hecho de buscar patrones, buscar estambres y soñar con qué le gustará a cada quien, me hace sentir muy contenta. 

Pero no crean, no todo es felicidad.  Estaba yo tejiendo la segunda brea bag.  Terminé la primera parte en dos patadas y me quedó de muy buen tamaño.  Ayer terminé de tejer la segunda parte y la veía rarita, como que no estaba tan grande como la otra.  Después de rematar los puntos me di cuenta de mi macro error: la primera fue tejida con agujas 5.5, la segunda con 4.0.  No lloré, nomás me menté la madre unas cuantas veces.