¿Les hablé alguna vez de mis alucines nocturnos?  Hoy mientras leía a Marian me acordé de dos.

Hace unos años vi la película El día de la bestia.  En la madrugada, Andrés se levantó al baño y yo me quedé sola en la pieza.  Entre que estaba dormida y no (o sea, dormitaba) sentí que *alguien* se estaba subiendo a mi cama, del lado de los pies.  Miré a la puerta pensando que Andrés la había dejado mal cerrada y se había metido el gato y se estaría acomodando para darme el peor susto de mi vida… pero no, la puerta había quedado bien cerrada (Dios mío, si tengo que gritar Andrés no me va a escuchar).  Miré a los pies y nada.  Volví a apoyar la cabeza en la almohada y empecé a dormitar otra vez… y… adivinaron, again algo tratando de subirse a mi cama.  Miré de nuevo y, of course, no había nada.  Pensé *seguro es la Bestia y está esperando que me quede bien dormida para agandallarme*.  Cuando volvió Andrés al cuarto pude quedarme dormida tranquilamente y ya no supe si la Bestia se subió a la cama o no.

La segunda ocurrió a raíz de que llegó a mi mail un archivo con fotos de la rejodida película El Aro (The Ring) con la bonita niña esa y su mirada tan dulce.  A la noche, otra vez, despierto en la madrugada (debería considerar tomarme tres Valiums o algo así antes de irme a la cama) y me acuerdo de la nenita saliendo de la televisión y un escalofrío me recorre el cuerpo, sin saber porqué si ella es tan tierna y se ve que tiene tan buenas intenciones.  Pensé *no tengo porqué tener miedo, la televisión está apagada*.  Al día siguiente, hablo por teléfono con mi hermana y le cuento de este encuentro que no fue, muerta de la risa ella y me dice *pero acuérdate que en la peli la televisión se prende sola, aun estando desconectada…* 

¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!