Me encanta que llegue el sábado a la hora de irnos a dormir, porque eso significa que voy a sentir las sábanas limpitas recién cambiadas.  ¿No les encanta esa sensación?  Si por mí fuera, pondría sábanas limpias todos los días.

También me agrada mucho subir al metro, trolebús o camión y encontrar mis asientos preferidos disponibles.  Es que cuando una no tiene otra opción más que viajar en transporte público, termina dándose cuenta de que unos lugares le gustan más que otros.

Que suene el teléfono y al contestar escuchar la voz de Andrés siempre me hace sentir una cosita de felicidad.

Llegar a casa y encontrar que mi mamá nos preparó de cenar alguna de mis comidas favoritas, como pueden ser las benditas calabacitas empanizadas o pambazos o empanada de jamón y queso.  No sé, algo que ella sepa que me gusta muuuucho y que le nazca prepararlo.

Una de mis canciones favoritas es Little L, de Jamiroquai.  Escucharla me hace tan feliz…

Son muy pequeñas las cosas que hacen que un día tenga un brillito especial.  Aún cuando el resto del día nos pueda haber ido de la tostada (o sea, de la chingada, del carajo, de *mejor ni me acuerdo*), siempre, siempre hay algo que nos da un algo.  En casa estamos pasando por una temporada complicada y un poco incierta, y a veces me olvido de que no todo está mal.  Sabrina me regala una alegría que no puedo comparar con nada.  No me cansaré de decir que es lo mejor que Dios me pudo dar, me hace reir, me sorprende, me alienta, me hace mirarme a mí misma, me hace sentir orgullosa.  No me canso de dar gracias por tenerla con nosotros.  Y aparte de ella, están todas las cosas que de tan chiquitas parecen boludeces, pero no lo son.  ¿Qué es lo que a ustedes les da un *brake* emocional?

Gracias, Erilana, por ponerme a recordar todo esto.

P.D. ¿Ya vieron la oveja que le hice a Sabri?  Si son tan gentiles, dirijan su vista a la derecha de su pantalla.  Mención especial a la que adivine porqué la foto salió tan rara.